Historia del registro civil

by diciembre 07, 2010 0 comentarios
El Registro Civil tiene un
antiguo origen. Según Dionisio de Halicarnaso el primer registro de esa
índole fue creado por el rey romano Servio Tulio, quien lo encomendó
a un colegio de sacerdotes. En la evolución de ese registro también se
cumplió un proceso de secularización, pues Marco Aurelio confió la
organización de las inscripciones de nacimientos a ciertos funcionarios:
ios "prefecti aerarii" y los "tabulara publici". Justiniano agregó en su
Novela 74 lo relativo al matrimonio.
Con la caída del Imperio Romano de Occidente varias de las
funciones que cumplían los funcionarios imperiales debieron ser asumidas
por los sacerdotes de la Iglesia Católica, única institución con
vigor bastante para resistir el alud de los bárbaros. Todo lo que era la
civilización de la época se guareció en el ámbito y bajo la protección
de la Iglesia, que suscitó al poco tiempo la adhesión de los conquistadores
que paulatinamente se fueron convirtiendo al catolicismo y abjuraron
de sus idolatrías y mitos ancestrales.
En lo concerniente al estado de las personas, los curas párrocos
vinieron a desempeñar una función trascendental.Porque arruinados y
extinguidos los anteriores registros imperiales, la prueba de la existencia
y estado civil de las personas se hizo en base a las anotaciones que
llevaba cada parroquia acerca de los sacramentos que allí se administraban
—bautismo, matrimonio y extremaunción—, así como las referentes
a las defunciones cuesto aue los cementerios estaban a cargo de
la Iglesia. El obispo de Nantes Henri le Barbu, reglamentó en 1406 la
forma de llevar los libros parroquiales, que contenían aquellas anotaciones,
en su diócesis. Luego el Concilio de Trente, en 1536, extendió
la reglamentación a toda la Iglesia.
Durante los siglos xvi a xvi, a medida que se deterioraba la
unidad religiosa de Europa, los reyes fueron tomando providencias en
esta materia, para cubrir las situaciones de las personas que por no
profesar la religión católica, carecían de las constancias referentes a su
estado civil, que para la generalidad de la población se tomaba "consuetudinariamente",
de los libros parroquiales. Aun en las vísperas de
la Revolución Francesa, en 1787, Luís XVI al sancionar la libertad
de cultos, organizó un registro civil para disidentes.
SECULARIZACIÓN DE LOS REGISTROS.—Con la Revolución
Francesa lo que era un régimen excepcional para los disidentes del
credo católico, se convirtió en el sistema general para toda la población.
A ese paso de un sistema a otro se llama secularización de los registros,
porque el Estado extendió su jurisdicción a esa materia, organizando
sus propios registros para acreditar el nacimiento y la defunción de las
personas independientemente de los que llevaban y continuaron llevando
las parroquias. Cuando se estableció el matrimonio civil y sólo se
reconoció eficacia civil a la unión formalizada ante el funcionario del
/Estado, se agregó en el Registro Civil, el libro relativo a los matrimonios.
En este proceso, dejando de lado el impulso de irreligiosidad que
movía, había mucho de aceptable. El Estado no podía despreocuparse
acerca del modo de probar hechos tan capitales como él nacimiento de
las personas, con las circunstancias de nombre, filiación, etc., o la muerte
de ellas. Otro tanto cabe decir del matrimonio, institución básica
de la organización familiar y por tanto de la organización social. Pero
para esto último, es decir para organizar la prueba del matrimonio,
no era menester atentar contra la conciencia de los católicos, obligán-
; dolos a practicar un simulacro de ceremonia ante una oficina pública y
destituyendo de todo valor en el orden civil al acto que solamente lo
' tiene en el fuero interno de aquellos, a saber el matrimonio canónico.
Para satisfacer la finalidad que el Estado debe llenar bastaba con
subordinar la prueba del matrimonio religioso a la inscripción de este
acto en el Registro Civil: tal el régimen vigente en España, Italia, Perú
y Brasil.
Desde luego para quienes desearan prescindir del matrimonio
religioso por cualquier motivo, p. e j , por pertenecer a otra religión distinta
de la católica o no profesar ninguna, siempre podría el Estado
organizar su propio matrimonio civil. O dicho de otra manera, el Estado
podría reconocer, sin mengua de sus atribuciones, el matrimonio civil,
bajo una doble forma de celebración: la canónica y la civil.
Cuando la legislación argentina adopte un régimen semejante al
que prevalece en los países que marchan a la vanguardia de los pueblos
de nuestra estirpe, se habrá superado la odiosidad antirreligiosa de las
prescripciones, vigentes en esta materia, e instaurado una organización
matrimonial fundada en el efectivo respeto por los fueros de conciencia
de cada uno.
502. MUNICIPALIZACIÓN DE LOS REGISTROS EN NUESTRO PAÍS.—
Hasta la sanción del Código Civil la prueba del estado civil de las personas
se efectuaba mediante las partidas parroquiales, que eran copias,
expedidas por los curas párrocos, de los asientos existentes en los libros
de cada parroquia.
En 1833 el gobernador de Buenos Aires, general Viamonte, había
creado un registro civil para disidentes, ejemplo que habían seguido
otras provincias como Jujuy en 1836 y Santa Pe en 1862. Por su parte
Buenos Aires había ampliado la reglamentación vigente, en 1857.
La secularización general de los registros, y por tanto la eliminación
para el futuro del valor probatorio de los asientos de los libros
parroquiales, en lo concerniente a nacimientos y defunciones, fue establecida
por el art 80 del Código Civil, según el cual se prueba el nacimiento
"de los nacidos en la República, por certificados auténticos extraídos
de los asientos de los registros públicos que para tal fin deben
crear las municipalidades...'' En cuanto al fallecimiento, según el
art 104 del Código "se prueba como el nacimiento en iguales casos".
Pero Vélez Sársfield no alteró lo relativo al régimen del matrimonio.
El único matrimonio válido era el celebrado ante la respectiva
Iglesia: así el matrimonio canónico, el matrimonio con autorización
de la Iglesia Católica celebrado entre católico y cristiano no católico
(arte. 180 a 182, Cód. Civ.) y el matrimonio sin autorización de la
'Iglesia Católica que era el contraído entre cristianos no católicos y
entre personas que no profesaban el cristianismo, el que era válido
Viendo celebrado "según las leyes y ritos de la Iglesia a que los contrayentes
pertenecieran" (art. 183). Quedaba así sin prever, el matrimonio
de quienes careciesen de toda religión, y este vacio fue la principal
arma que se esgrimió paia destruir el matrimonio religioso sustituyéndolo
por el matrimonio civil, que en buena lógica y con buena fe sólo
debió crearse para quienes se encontrasen en ese vacío del sistema matrimonial
del Código de Vélez.
Coincidiendo con el criterio de éste el art. 179 establecía: "El
matrimonio se prueba por la inscripción en los registros de la parroquia
de las comuniones a que pertenecieren los casados..."
503. PROVINCIALIZACIÓN DEL REGISTRO crvn Con la sanción
de la ley 2393 quedó eliminado, para el futuro, el matrimonio religioso
y sustituido por el matrimonio civil para todos los habitantes
cualquiera fuera su credo.
En lo relativo a la prueba del estado civil, esta ley importó una
reforma importante, porque sustituyó la jurisdicción sobre los registros
civiles que del orden municipal fue pasada al orden provincial Así
lo dispuso el art. 113 de la Hy 2393 en los siguientes términos: "Los
Registros públicos que debían ser creados por las municipalidades según
el art. 80 de este Código, deberán serlo por las legislaturas respectivas".
Esta reforma debe ser aprobada, por la conveniencia de centralizar
la organización del registro civil, que según pensamos, no hay obstáculo
en efectuar bajo la jurisdicción de la Nación. Pero mientras ello
se cumple, bueno ha sido encomendar tal organización a cada provincia,
para impedir que el registro civil resultara pulverizado en centenares
de municipios, muchos de los cuales carenan de posibilidades económicas
y aun culturales para llevarlo adecuadamente.
504. CONVENIENCIA DE LA CENTRALIZACIÓN NACIONAL.—
Reiteradamente se ha propugnado la centralización
del Registro Civil, en la jurisdicción nacional. Ya opinaban
en este sentido Machado y Llerena; así lo proyectó el Poder
Ejecutivo en 1883, siendo presidente Roca, como también
el doctor Marco Aurelio Avellaneda en 1912. Bibiloni,
en su Anteproyecto no llegó a tanto, previendo la existencia
de un Registro de inscripciones (de la propiedad, etc.), sin
tocar el Registro Civil, con un régimen básico común, entregado
en su funcionamiento a la jurisdicción de cada provincia.
cia. La Comisión Reformadora de 1936 dio un paso más, incluyendo
en el Registro de inscripciones a lo relativo al estado
civil (nacimientos, defunciones, matrimonios), pero
siempre encomendando por una ley nacional especial el funcionamiento
del Registro a las jurisdicciones locales. El Anteproyecto
de 1954 (arts. 329 a 408) llegó hasta la implantación
de un Registro Nacional de Inscripciones, de jurisdicción
nacional, para lo cual, según entendemos, no hay objeción
de orden constitucional porque la función de los registros
es de policía, de seguridad, de los derechos, y no referente
a la aplicación del Código Civil para administrar justicia, que
es lo que el art. 67, inc. 11,-de la Const Nac. ha reservado a
los jueces provinciales. Por tanto, si para la efectiva protección
de los derechos, bajo el aspecto que puede lograrse por
la inscripción de ciertos hechos en un registro, se requiere
-que ese registro sea único en el país, no hay obstáculo constitucional
para implantarlo, así como se lo ha hecho con respecto
al Registro Nacional de las Personas por la ley núme-
TO 13.482, o al Registro Nacional de la Propiedad Intelectual
por la ley n° 11.723.
FUENTE LLAMBIAS

Manuel Alejandro Chavez Carrizzo

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